La destilación de las plantas aromáticas
- Stella Bittar
- 19 ago 2025
- 3 min de lectura
La destilación (del latín de-stillare, “gotear”) es un proceso que separa sustancias mediante evaporación y condensación.

Es una de las técnicas de separación más antiguas conocidas y presenta antecedentes arqueológicos en Mesopotamia (actual Irak) desde el V milenio a.C. Posteriormente, su aplicación se extendió a la elaboración de perfumes, bálsamos y preparados medicinales en civilizaciones como la china, la india y la egipcia.
Hacia el 1810 a.C., en estas mismas regiones, la producción de bálsamos y perfumes ya se realizaba a gran escala, empleando diversas técnicas de extracción y procesamiento de sustancias aromáticas, que desempeñaban un papel importante en rituales funerarios y prácticas terapéuticas.
La destilación fue mencionada o estudiada por autores de la Antigüedad como Aristóteles y Dioscórides, y se asocia también a las prácticas cosméticas atribuidas a Cleopatra.
El alambique fue probablemente inventado entre los siglos II y III d.C. por María la Judía o Zósimo de Panópolis, y más tarde perfeccionado por los alquimistas árabes (siglos VIII-IX), quienes lo utilizaron tanto para la elaboración de perfumes como para la experimentación alquímica.
El término «alambique» deriva del griego ambix («vaso con abertura»), que pasó al árabe como al-anbīq y de allí al latín medieval.
Ibn Sina, conocido en Occidente como Avicena (980-1037) y considerado una de las figuras más influyentes de la medicina medieval, realizó importantes contribuciones al perfeccionamiento de esta técnica. En su obra monumental, El Canon de la Medicina, describe con precisión el uso de aceites esenciales obtenidos mediante procedimientos de destilación refinados. Su logro más célebre fue el perfeccionamiento de la destilación de rosas para la obtención de agua de rosas y aceites aromáticos, contribuyendo significativamente al desarrollo de la perfumería y la farmacología.
¿Esencia o Aceite Esencial?
Cuando empezamos en Aromaterapia, ¡es fundamental llamar a las cosas por su nombre correcto!
Entre las especies vegetales registradas en el mundo, solo algunas producen sustancias aromáticas. Estas se encuentran en “sacos de esencia”, conductos secretores localizados en botones florales, flores, frutos, semillas, hojas, corteza, raíces. Un ejemplo sencillo: al exprimir la piel de un cítrico, sus sacos de esencia se rompen liberando su aroma.
Se puede extraer la esencia aromática de una planta por destilación por arrastre de vapor, expresión en frío, extracción con solventes, extracción con CO₂ supercrítico, entre otros.
En Aromaterapia, hablamos principalmente de la destilación por arrastre de vapor, para la obtención de la mayoría de los aceites esenciales.
La destilación por arrastre de vapor

En la destilación por arrastre de vapor, el vapor de agua atraviesa el material vegetal colocado en el alambique. El calor rompe las glándulas secretoras y el vapor se carga de moléculas aromáticas volátiles.
La mezcla pasa luego por un condensador (serpentín enfriado con agua fría), donde vuelve a estado líquido. El destilado se recoge en un esenciero o vaso florentino, que permite la separación natural de las dos fases gracias a la diferencia de densidad.
Así se obtienen dos productos:
Aceite esencial: fracción concentrada, hidrofóbica y rica en compuestos volátiles.
Hidrolato o agua floral: agua aromática que contiene moléculas hidrosolubles y trazas de aceite esencial.
Es importante destacar que, a pesar de su nombre, el aceite esencial no contiene grasas, a diferencia de un aceite vegetal, que sí es graso y que se utiliza como vehículo para diluir aceites esenciales, facilitar su aplicación tópica, además de nutrir y cuidar la piel.
Escrito por Stella Bittar, con cariño y dedicación
Fuentes históricas: Forbes (A Short History of the Art of Distillation), Partington (A History of Chemistry) y Al-Hassan & Hill (Islamic Technology: An Illustrated History).





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